Caulquier parecido con alfonso "el iniciado" rosca es mera coincidencia.
En sus rasgos paranoides su perfil lo describió como una persona desconfiada hacia los otros, con problemas de celopatía y preocupación por los actos de su esposa, hijos y amigos, a quienes vigiló de manera estrecha.
También lo identificó como reacio a relaciones personales íntimas. Por el contrario, buscaba ser parte de grupos sumamente cerrados y altamente cohesionados. “El sujeto mostró una gran actitud defensiva… tratando de mostrar una autoimagen convencional, negando defectos individuales e intentado aparecer como una persona libre de conflictos personales”.
Su perfil psicológico indicaba que su escala paranoica evidenciaba “a una persona que actúa con buena dosis de desconfianza hacia las actividades de los demás”, mientras que en sus relaciones interpersonales manifestaba “una gran dificultad para establecer relaciones que se caractericen por ser profundas, afectivas y duraderas”.
El peritaje de la SSP federal anotó que “intentó manipular la entrevista psicológica, desvirtuándola al hacer comentarios como: ‘mejor platiquemos’ o ‘¿de dónde viene usted?’
Cuando sentía que las cosas se salían de su control reaccionaba violentamente. Los médicos que lo examinaron reportaron que cuando no lograba controlar la entrevista “sus impulsos se mantienen subcontrolados… con el riesgo de que ante un evento que él perciba como desestabilizador o estresante, corre riesgo de manifestar un acto abrupto”.
Refirieron que eso pasaba durante la aplicación de las pruebas cuando se levantaba de forma brusca después de sentir que no avanzaba y “aventaba el lápiz sobre la mesa”.
Acostumbrado a ejercer el control, mantenía la calma cuando, sin previo aviso, era sometido a las evaluaciones. Cooperaba con los médicos, pero cuando le hacían preguntas comprometedoras se mostraba evasivo, pretextando problemas de oído.
Pero en todo momento justificó sus actos como policía. Así quedó establecido en su perfil: “El ambiente laboral donde se desempeño contribuyó a satisfacer su necesidad de reconocimiento y ambición de poder, donde ejerció acciones severas y rígidas, sin importar los medios para lograr sus fines, racionalizando todo ello para justificar su proceder”.
Tras dos meses prófugo, fue detenido en febrero de 2004 en la Ciudad de México e internado en el penal de Topo Chico, en Nuevo León, acusado de la desaparición de Jesús Piedra Ibarra. Nueve meses después, a fines de noviembre de ese año fue liberado bajo el beneficio de prisión domiciliaria y trasladado a la Ciudad de México.
El titular del juzgado Cuarto de Distrito en Materia Penal de Nuevo León le otorgó el beneficio. Sin considerar a la Femospp, la PGR –a cargo entonces de Macedo de la Concha– apresuró el traslado. La mañana del domingo 28 de noviembre de 2004 envío un avión de la institución por el expolicía. Nazar Haro regresó a su casa del Distrito Federal escoltado por agentes de la AFI.
Marisela Morales declaró que si no lo hubieran hecho de inmediato, el titular de la PGR habría caído en desacato judicial. Su fidelidad al régimen autoritario del PRI le fue compensada por los gobiernos del PAN.
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