martes, enero 17, 2012

La secta de Aynd rand que inspiro a rojo intenso (primera parte)


Por Pablo Capanna /  02/03/02


Ayn Rand, seudónimo de Alissa Zinovievna Rosenbaum, filósofa y escritora rusa nacionalizada estadounidense, desarrolladora del sistema filosófico que llamó objetivismo, nació en el seno de una familia de comerciantes judíos, siendo la mayor de tres hermanas. Desde su infancia demostró interés por la literatura y el cine, leyendo y escribiendo novelas y guiones. Terminada su educación básica, Ayn Rand estudió filosofía e historia en la Universidad de San Petersburgo y en 1924 en el Instituto Estatal de Artes Cinematográficas. Tras la revolución de octubre (1917) y la expropiación del negocio familiar, sus deseos de emigrar hacia Estados Unidos se intensificaron. En 1925, Ayn Rand consiguió un permiso para viajar a Estados Unidos, hospedándose un tiempo con parientes en Chicago y luego trasladándose a Hollywood. Luego de conocer al exitoso director de cine Cecil Blount DeMille, realizó una participación secundaria en una de sus películas y conoció al actor Frank O´Connor, con quien se casó en 1929. Dos años después, Ayn Rand obtuvo la ciudadanía estadounidense con orgullo y con la seguridad de nunca más volver a Rusia. El resto de su vida se dedicó a desarrollar su filosofía, dando conferencias en distintas universidades y recibiendo el Doctorado de Honor en 1963 por el "Lewis & Clark College".

Rand defiende el egoísmo, el individualismo, y el capitalismo laissez-faire, argumentando que es el único sistema económico que le permite al ser humano hacer uso de la facultad de razonar. Rechaza absolutamente el socialismo, el altruismo y la religión.

Por otra parte sostiene que el hombre debe elegir sus valores y sus acciones mediante la razón, que cada individuo tiene derecho a existir por sí mismo, sin sacrificarse por los demás ni sacrificando a otros para sí, y que nadie tiene derecho a buscar valores de otros ni a imponerles ideas mediante la fuerza.

Se suele dar por supuesto que el fundamentalismo es una patología propia de las religiones. Muchas de las cosas que se han escrito apresuradamente en torno del fundamentalismo islámico parten de esta premisa, que permite trivializar al máximo las cosas para echarle la culpa de todo a Mahoma.

Al parecer, nos hemos olvidado de los fundamentalismos políticos del siglo XX, que cuando no eran ateos sólo usaban pragmáticamente de la religión; pero aun así fueron intolerantes y sectarios en un grado nunca visto. También los jacobinos adoraban a la Diosa Razón, pero acabaron por levantar la guillotina; y los positivistas endiosaban a la Ciencia sólo para acabar venerando a la amante de Comte.

Por eso, cuando se habla de los nuevos fundamentalismos "religiosos", habrá que pensar, más que en cuestiones teológicas, en una consecuencia indeseada del pensamiento único, que erosiona la identidad cultural y empuja a defender fanáticamente la diferencia.

El fanatismo, el sectarismo y el fundamentalismo son fenómenos recurrentes en la historia. Al igual que la neurosis, pueden justificarse con cualquier guión ideológico. También pueden llegar a hacerlo sobre la base de un programa racionalista, en cuanto abandonan el pensamiento crítico para proclamar dogmas indiscutibles, con un empecinamiento propio de las peores inquisiciones.

De esta paradoja se ha ocupado el "escéptico" Michael Shermer, uno de los pocos que mencionan el Objetivismo de Ayn Rand como una curiosa secta racionalista que hizo del capitalismo un dogma y acabó enredándose en el culto a su fundadora, justificando ideológicamente sus caprichos y sometiéndose a una disciplina autoritaria.

La paradójica historia del Objetivismo no es demasiado conocida, aunque nadie negará que ha influido en nuestras vidas. En sus dogmas podemos incluso descubrir una de las fuentes de ese pensamiento único que hoy inspira a los talibanes del mercado.

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